Psicología Equina: la ciencia que nos enseña a comprender la mente del caballo

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El 16 de octubre, Francisca Droguett presentará en Santiago su libro “Psicología Equina”, una obra que aborda desde la ciencia la percepción, inteligencia, emociones y bienestar del caballo.

Francisca Droguet es psicóloga experimental de formación y una apasionada investigadora del comportamiento y la cognición equina.

Criada en una familia profundamente ligada al campo chileno y al mundo de los caballos, Droguet ha logrado unificar su herencia tradicional con el rigor de la ciencia aplicada. A través de su plataforma de divulgación científica, @psicologiaequina, y de su propia línea de investigación en psicología experimental, se ha propuesto la misión de validar al caballo como un nuevo modelo de estudio para entender fenómenos básicos de la conducta.

“Tengo contacto con los caballos desde que nací, crecí en una familia dedicada por completo a ellos: vivíamos de los caballos y para los caballos. La verdad, en mi casa no se hablaba de otra cosa. Aprendí mucho de ellos desde muy pequeña y tuve siempre una relación muy estrecha. Considero que mi propósito es ser un puente entre la ciencia y las personas que conviven con caballos. Vengo de los dos mundos: crecí en el campo, entre caballos, y hoy me dedico a estudiarlos bajo un paradigma experimental. Considero que hay mucho por dialogar entre ambos, y que fomentar una relación estrecha entre ellos puede ser una excelente forma de crecer”. Francisca Droguet

Psicologia Equina
Tengo contacto con los caballos desde que nací, no recuerdo la primera vez que monté uno

Una relación ancestral

La relación humano equino, parece estar en un punto clave, cada vez más jinetes y amazonas comienzan a relacionarse con sus monturas “sin palabras”.  La comprensión de que una mirada, un movimiento de orejas, un cambio en la respiración puede decir mucho más que una orden.

Esta corriente comienza a tener más fuerza, y desplazar aquella que al animal se lo enseña por la fuerza. Si no obedece nuestra orden, se lo golpea, se lo obliga, hasta que hace lo que nosotros queremos.

Pero ¿qué ocurre realmente dentro de la mente de un caballo?

Responder esta pregunta exige algo más que experiencia ecuestre. Exige detenerse, observar y aceptar que el caballo no percibe el mundo como nosotros.

Y eso es precisamente lo que nos propone la científica y especialista chilena Francisca Droguett en su libro, Psicología Equina: Un viaje a través de la ciencia, publicado por Nueva Mirada Ediciones. La obra será presentada oficialmente el próximo 16 de octubre en Santiago de Chile, en un encuentro que promete convertirse en una cita especialmente interesante para jinetes, amazonas, criadores, veterinarios, entrenadores y para todos aquellos que, alguna vez, se han preguntado qué pasa por la cabeza de ese animal que llevan de las riendas.

Porque, en el fondo, comprender al caballo comienza por aceptar una idea sencilla y revolucionaria: él no está obligado a interpretar el mundo como nosotros.

El libro recupera una antigua pregunta planteada por el astrónomo Carl Sagan: ¿pudo existir algún tipo de desarrollo paralelo de las capacidades cognitivas de seres humanos y caballos frente a desafíos evolutivos similares?

Psicologia Equina
Francisca Droguet es psicóloga experimental de formación y una apasionada investigadora del comportamiento y la cognición equina

Las evidencias arqueológicas sitúan en las estepas de Botai, en la actual Kazajistán, hace unos 5.500 años, algunos de los primeros indicios de domesticación. Allí aparecen señales de ordeño de yeguas y utilización de arneses.

Desde entonces, el caballo ha sido alimento, herramienta agrícola, medio de transporte, instrumento militar y, finalmente, compañero deportivo y de ocio.

Pero esa larga historia también plantea una pregunta incómoda: ¿hemos aprendido realmente a conocer al animal que hemos utilizado durante miles de años?

El caballo no ve el mundo como nosotros

Uno de los grandes aportes del libro está en explicar que la conducta equina no puede comprenderse sin conocer primero cómo funciona su percepción.

La autora recoge una idea de Temple Grandin que resulta especialmente reveladora: los animales son pensadores basados en lo sensorial.

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De ahí que una sombra, una bolsa de plástico o incluso un objeto que lleva años en el mismo lugar puedan provocar una reacción aparentemente inexplicable

De ahí que una sombra, una bolsa de plástico o incluso un objeto que lleva años en el mismo lugar puedan provocar una reacción aparentemente inexplicable.

El caballo recibe información del entorno y la combina con aquello que ya conoce.

Por una parte, está el procesamiento ascendente, es decir, la información que llega a través de los sentidos. Por otra, el procesamiento descendente, mediante el cual esa información es organizada e interpretada a partir de la memoria, la experiencia, el aprendizaje y el estado emocional.

Por eso, cuando un caballo se asusta, no necesariamente está siendo «malo», «porfiado» o «desobediente».

Está procesando el mundo.

Y esa diferencia puede cambiar por completo nuestra manera de relacionarnos con él.

Una ventana de 228 grados

Los ojos del caballo son los más grandes entre los mamíferos terrestres y están situados lateralmente, lo que le proporciona un campo visual monocular panorámico de hasta 228 grados.

Es una característica extraordinaria para un animal presa, que necesita detectar rápidamente aquello que sucede alrededor.

Pero también existen zonas ciegas. Tres puntos particularmente importantes se encuentran delante de la frente, debajo del hocico y detrás del cuerpo.

De ahí que acercarse repentinamente por determinadas zonas pueda provocar una reacción de sobresalto.

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Una conducta que desde el suelo puede parecer resistencia adquiere, bajo la mirada de la neurociencia, un significado completamente diferente

El caballo tampoco posee una fóvea central redonda como la humana. Su retina presenta una franja visual horizontal que favorece la detección de movimientos en el horizonte, aunque limita la nitidez en determinados ángulos.

Y hay un gesto que los jinetes conocen bien: cuando aparece algo que le preocupa, el caballo levanta la cabeza. No necesariamente está «haciéndose el difícil».

Está intentando ver mejor.

Al elevar la cabeza consigue colocar de otra manera su zona de visión binocular y calcular profundidad y distancia.

Una conducta que desde el suelo puede parecer resistencia adquiere, bajo la mirada de la neurociencia, un significado completamente diferente.

Cuando el silencio no existe

Si la visión ayuda al caballo a vigilar el espacio, el oído le permite anticipar aquello que todavía no puede ver.

Su capacidad auditiva presenta características sorprendentes. Mientras el oído humano comienza aproximadamente en los 20 Hz, el caballo tiene un límite inferior cercano a los 50 Hz, pero puede alcanzar frecuencias de hasta 33.000 Hz.

Sus orejas funcionan además como verdaderas antenas direccionales independientes.

EL libro recoge estudios que indican que :»La música clásica favorece la relajación en los caballos»

Esto explica situaciones que para un humano pueden parecer absurdas.

Un caballo puede reaccionar violentamente ante un sonido que nosotros sencillamente no escuchamos. Por ejemplo, determinados repelentes electrónicos de plagas instalados en establos pueden generar frecuencias agudas que resultan imperceptibles para las personas, pero no para los equinos.

El mundo sonoro del caballo, por tanto, es mucho más grande que el nuestro.

Y también puede utilizarse para favorecer su bienestar.

El libro recoge estudios realizados en 2017 con caballos Árabes de carrera en los que la exposición controlada a música clásica o New Age estuvo asociada con mayores niveles de serotonina y actividad parasimpática, relacionada con la relajación.

Pero existe una advertencia fundamental: la música puede ser enriquecimiento ambiental; nunca sustituye las necesidades básicas del caballo.

Forraje, movimiento libre y contacto social continúan siendo pilares irrenunciables.

El caballo también puede oler nuestro miedo

Hay otra dimensión de la comunicación que suele pasar inadvertida: el olfato.

La respuesta de Flehmen, ese gesto tan característico en que el caballo estira el cuello y eleva el labio superior, tiene una función biológica concreta. Mediante ella, determinadas moléculas son dirigidas hacia el órgano vomeronasal o de Jacobson, relacionado con la detección de señales químicas.

Pero quizá uno de los aspectos más fascinantes que recoge Psicología Equina sea la capacidad del caballo para detectar determinadas señales asociadas a nuestras emociones.

Investigaciones citadas en la obra analizaron muestras de sudor y olor corporal de personas sometidas a estados emocionales diferentes.

Ante muestras relacionadas con miedo, los caballos mostraron comportamientos de alerta, elevación de la cabeza y búsqueda de proximidad con sus jinetes conocidos.

Es decir, el caballo no solamente observa nuestro cuerpo.

También puede percibir químicamente nuestro estado emocional.

Quizá por eso tantas veces parece saber que estamos nerviosos antes de que nosotros mismos lo reconozcamos.

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El caballo, puede percibir químicamente nuestro estado emocional

Clever Hans y una inteligencia que no funciona como la nuestra

A comienzos del siglo XX, un caballo llamado Clever Hans sorprendió al mundo.

Supuestamente podía resolver operaciones matemáticas golpeando el suelo con su casco.

La investigación posterior demostró que Hans no estaba haciendo matemáticas en el sentido humano. Estaba realizando algo mucho más interesante: detectaba pequeños cambios en el lenguaje corporal de las personas que tenía delante.

Tensión muscular, respiración, microgestos.

El caballo era capaz de identificar el momento en que el examinador esperaba que llegara a la respuesta correcta.

Lejos de convertirlo en un fraude, el episodio terminó demostrando hasta qué punto podía ser extraordinaria la capacidad perceptiva del caballo.

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«Medir la inteligencia equina exclusivamente con parámetros humanos significa correr el riesgo de no reconocerla» Francisca Droguet

Clever Hans no estaba pensando como nosotros.

Estaba pensando como caballo.

Y quizá esa sea una de las grandes enseñanzas de esta obra: medir la inteligencia equina exclusivamente con parámetros humanos significa correr el riesgo de no reconocerla.

El gran desafío: el deporte y el bienestar

La última parte del libro lleva la reflexión hasta un terreno especialmente sensible: el deporte ecuestre.

Con la Revolución Industrial, el caballo perdió progresivamente buena parte de sus funciones agrícolas, militares y de transporte. Su papel se transformó y comenzó a ocupar un lugar central en el deporte y el ocio.

Apareció entonces el concepto de binomio: caballo y jinete como un equipo.

Pero la pregunta es inevitable: ¿somos realmente un binomio si uno de los dos no tiene voz?

Francisca Droguett plantea una reflexión sobre los sistemas actuales de entrenamiento y sobre determinadas prácticas de la alta competencia.

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Es importante una relación de confianza

En centros deportivos de alto rendimiento, los caballos pueden pasar gran parte del tiempo estabulados, con contacto social limitado y una relación cotidiana con sus jinetes que en ocasiones queda delegada en el personal técnico.

Y eso puede afectar precisamente aquello que el deporte necesita: confianza, comunicación y sincronía.

Una nueva forma de mirar al caballo

Psicología Equina: Un viaje a través de la ciencia no pretende ser solamente un catálogo de datos científicos.

Su verdadero valor está en utilizar la ciencia para modificar nuestra mirada.

Porque conocer la evolución del caballo, comprender su visión, escuchar su extraordinaria capacidad auditiva, reconocer su sensibilidad olfativa y descubrir su inteligencia perceptiva no debería quedarse en el terreno de la curiosidad.

Todo ese conocimiento tiene una consecuencia práctica: nos obliga a relacionarnos con él de otra manera.

Quizá el futuro de la equitación no dependa únicamente de conseguir que el caballo haga más.

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Para comprender al caballo, primero tenemos que dejar de pedirle que vea el mundo con nuestros ojos

Quizá dependa de aprender a pedir mejor.

De observar antes de exigir.

De entender antes de corregir.

De escuchar aquello que el caballo lleva siglos intentando decirnos sin palabras.

El próximo 16 de octubre, en Santiago de Chile, Francisca Droguett presentará oficialmente una obra que invita precisamente a eso: a desmontar viejos prejuicios y acercarnos a la mente equina desde la ciencia, pero también desde la empatía.

Porque después de miles de años compartiendo nuestra historia, todavía sabemos muy poco de lo que ocurre realmente dentro de la cabeza de un caballo.

Y tal vez la gran lección sea mucho más sencilla de lo que parece:

para comprender al caballo, primero tenemos que dejar de pedirle que vea el mundo con nuestros ojos.

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Creditos de fotos: Cedidas por Francisca Droguet para el articulo

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