David Alonso: Cambió la doma al comprender primero al caballo
En el extenso y maravilloso mundo ecuestre, uno encuentra personas que trabajan con caballos, otras que viven de ellos. Y luego están aquellas para las que los caballos son la forma de vivir y entender la vida. David Alonso pertenece a este último grupo.
Domador, formador, conferenciante, empresario y uno de los principales comunicadores sobre el comportamiento equino de habla hispana, lleva casi ya dos décadas recorriendo América compartiendo una visión distinta de la relación entre el ser humano y el caballo. Desde México, su trabajo ha contribuido a popularizar métodos basados en la comprensión del comportamiento equino, la confianza y el respeto mutuo, formando Amazonas, jinetes, herreros, y simples aficionados a través de clínicas, cursos y redes sociales.

Pero detrás del ya consagrado profesional existe una historia que hoy desde el canal del caballo de España, se las queremos contar. La historia que empieza con una traviesa desobediencia de un niño a sus abuelos, acercándose a un potro salvaje. Un joven que renuncia a una carrera segura para seguir su verdadera vocación y la de un hombre que encontró en los caballos algunas de las lecciones más importantes de su existencia.
Un niño, un potro pinto y una curiosidad imposible de detener
Cuando se le pregunta cuál fue el momento de su infancia que explica por qué terminó dedicando su vida a los caballos, David no duda.
Tenía apenas once o doce años cuando decidió hacer algo que le habían prohibido expresamente. En el rancho familiar había un potro pinto de dos años al que nadie debía acercarse. Sin embargo, aprovechando que sus abuelos no estaban, logró encerrarlo en un corral y comenzó a tocarlo con paciencia, intentando ganarse su confianza. Hoy reconoce que entonces no conocía conceptos como la desensibilización o el imprinting. Simplemente actuó movido por una curiosidad irresistible. Años después sigue preguntándose cómo se atrevió a hacerlo. Pero también entiende que aquella experiencia revelaba algo que ya llevaba dentro: la necesidad de comprender al caballo, no de dominarlo.

El día que dijo “nunca más”
La segunda gran decisión de su vida llegó a los catorce años.
Su padre utilizaba los métodos tradicionales de doma que durante generaciones habían sido habituales en muchos ranchos mexicanos. Caballos derribados, inmovilizados, ensillados por la fuerza y posteriormente montados cuando ya estaban agotados.
David participó en ese proceso varias veces. Lo hacía por obediencia, pero también con miedo.
Recuerda especialmente una jornada en la que, después de montar un potro recién amansado, escuchó las risas de quienes observaban la escena. Se reían de su temor y de las reacciones del animal.
Cuando bajó del caballo se acercó a su padre y le dijo algo que marcaría su futuro:
—Es la última vez que me vuelvo a subir de esta manera a un caballo.
Todavía no conocía alternativas. No sabía que existían otros métodos. Pero intuía que aquella no era la forma correcta.
Esa intuición terminaría convirtiéndose en toda una filosofía de trabajo.

Renunciar a la seguridad para perseguir una vocación
La vida, sin embargo, no siempre permite seguir inmediatamente los sueños.

David estudió Ingeniería Industrial y posteriormente realizó una maestría. A finales de los años noventa comenzó a impartir sus primeras clínicas y exhibiciones, y ya entonces tenía claro que quería dedicarse por completo a los caballos.
Pero acababa de casarse y la realidad económica pesaba más que las ilusiones.
Durante varios años trabajó como consultor empresarial aprovechando su formación académica. Sin embargo, mientras visitaba empresas y desarrollaba proyectos, su mente seguía estando en otro lugar… en los caballos.
“Quería levantarme entre caballos y acostarme entre caballos”, recuerda.
Finalmente, en 2003 tomó la decisión que cambiaría definitivamente su vida: abandonar el camino profesional más seguro para dedicarse a tiempo completo al mundo ecuestre.
Nadie es profeta en su tierra…
Los comienzos no fueron fáciles.

Procedente de Coahuila, una región profundamente vaquera del norte de México, David comenzó a defender una manera distinta de trabajar con los caballos.
La respuesta fue inmediata.
Muchos de sus principales críticos surgieron precisamente de su entorno más cercano.
Le llevaban los caballos más difíciles. Lo ponían constantemente a prueba. Esperaban verlo fracasar.
Durante años asumió riesgos importantes intentando demostrar que existían formas más eficaces y más respetuosas de relacionarse con los animales.
Con el tiempo comprendió una lección que va mucho más allá del mundo ecuestre: no siempre es necesario convencer a todo el mundo.
Después de veintisiete años de experiencia, ya no siente la necesidad de demostrar nada.
Las mejores maestras tenían largas orejas
A lo largo de su carrera han pasado por sus manos miles de caballos.

Sin embargo, cuando le preguntamos qué animal cambió realmente su forma de entender la doma, sorprende con una respuesta inesperada:
Las mulas.
Mientras muchos profesionales las consideran animales complicados o impredecibles, David encontró en ellas una auténtica escuela de aprendizaje.
No había manuales. No existían referencias claras. Tuvo que observar, experimentar y descubrir por sí mismo.
Aquellas experiencias lo obligaron a profundizar como nunca en el comportamiento animal.
“Las mulas han sido mis mejores maestras”, afirma sin titubeos.
Rex: el caballo que casi le cuesta la vida
Si existe un nombre que marcó un antes y un después en la trayectoria de David Alonso, ese es Rex.
El caso fue seguido por miles de personas. Se trataba de un caballo con antecedentes de maltrato y comportamientos extremadamente agresivos. Muchos recomendaban sacrificarlo. David decidió intentarlo.
La experiencia terminó con un violento ataque que lo envió al hospital y que pudo haber tenido consecuencias mucho más graves. Sin embargo, de aquella situación extrajo algunas de las lecciones más profundas de su vida. Aprendió que el miedo no es necesariamente un enemigo.

“El miedo es bueno. Cuando te controla es peligroso, pero también es el miedo el que te hace salir adelante cuando todo parece que va a fracasar”.
Aprendió también a reconocer señales que antes pasaban desapercibidas. Habla de una mirada concreta, una expresión que identifica en algunos caballos instantes antes de una agresión. Una mirada que jamás olvidó.
Y quizá, sobre todo, aprendió la importancia de reconstruirse después de una experiencia traumática, recuperando poco a poco la confianza perdida.
El domador que enseña liderazgo
Aunque el público lo conoce principalmente como domador, hoy David Alonso desarrolla múltiples facetas profesionales. Forma a ejecutivos, imparte conferencias sobre liderazgo, comunicación y trabajo en equipo, y trabaja con organizaciones utilizando al caballo como herramienta pedagógica. Sin embargo, insiste en que todo nace del mismo lugar. La doma.
“Es la faceta que alimenta todo lo demás”, explica.

Es allí donde sigue aprendiendo las lecciones que después comparte con empresarios, directivos y profesionales de otros ámbitos.Porque, al final, los principios que permiten ganarse la confianza de un caballo suelen ser también los que permiten liderar personas.
Lo que todavía no hemos aprendido

Después de miles de años conviviendo con caballos, David cree que todavía existe algo fundamental que el ser humano no termina de comprender.
Que son seres capaces de sentir.
Hace unas semanas, hizo un viaje a Colombia para trabajar con unas mulas, y reconoce que le sigue impactando encontrar animales con graves lesiones provocadas por el uso inadecuado del bocado.
No se considera un activista radical ni un animalista extremo.
Simplemente cree que nadie debería disfrutar a costa del sufrimiento de otro ser vivo.
Una reflexión que, nuevamente, trasciende el mundo ecuestre.
El legado de una vida
Al final de nuestra conversación le planteamos una última pregunta.
Dentro de veinte años, cuando alguien recuerde a David Alonso, ¿qué le gustaría que dijeran de él? ¿Que fue un gran domador? ¿Un referente de la doma natural?

Su respuesta llegó sin vacilar: “Me gustaría que mi epitafio dijera: ‘Aquí yacen los restos de un hombre que vivió y murió por los caballos’”.
Quizá no exista una mejor definición. Porque, después de escuchar su historia, uno comprende que David Alonso no ha dedicado su vida a los caballos únicamente como profesión. Los ha convertido en una escuela de humildad, de perseverancia, de valentía y de humanidad. Y tal vez esa sea la enseñanza más importante que deja su trayectoria: antes que vaquero, domador, empresario o comunicador, hay que esforzarse por ser una buena persona.
Todo lo demás viene después.
Fotos para este articulo: @pra.fotoequina


