Marta González: viajar, comunicar y entender al caballo
Amazona, periodista, creadora de contenidos y experta en el mundo ecuestre, Marta Gonzalez, ha construido una trayectoria en la que los caballos no son simplemente protagonistas de su trabajo, sino compañeros de viaje y una parte esencial de su manera de entender la vida.
El caballo y el mundo que lo rodea, hace parte de su infancia, en la que aprendió a montar junto a su padre, Dámaso González. Desde entonces Marta, ha ido construyendo una mirada propia sobre el universo ecuestre. Una mirada que combina comunicación, aventura y conocimiento, pero centrada en algo a lo que le da muchísima importancia a una manera de compartir lo que hace : respeto por el animal.
Al frente de Mundo a Caballo TV, su labor divulgativa busca acercar el caballo a un público que muchas veces todavía percibe este mundo como algo cerrado o elitista. Su trabajo le ha permitido conocer desde dentro yeguadas, ranchos, profesionales y culturas ecuestres muy diferentes, descubriendo que, más allá de las disciplinas y las fronteras, existe una misma pasión por estos animales.

Pero quizás sea el turismo ecuestre uno de los ámbitos donde su filosofía encuentra una expresión más clara. Para Marta, montar a caballo no significa simplemente desplazarse por un paisaje: significa formar parte de él. Es una manera diferente de viajar, más pausada, más cercana a la naturaleza y capaz de generar una conexión que difícilmente puede ofrecer el turismo convencional.
En la siguiente entrevista, hablamos con Marta González de viajes, caballos, comunicación, turismo ecuestre y del futuro de una actividad que vive un importante crecimiento.
1. Marta, viendo tu historia en las redes sociales, transmites que tu pasión por los caballos es más que una profesión, es una forma de vida. ¿Cómo nace esta pasión?
Esa pasión nace desde niña. Por la profesión de mi padre pasábamos mucho tiempo en el campo y fue con él con quien aprendí a montar a caballo. Él me transmitió esa pasión por los caballos, el campo y, en definitiva, por esta forma de vida.
En la Universidad estudié Periodismo, aunque mis objetivos profesionales en aquel momento eran otros. Mi intención era dedicarme a la docencia universitaria, pero por diferentes circunstancias mi camino cambió y comencé a trabajar en el periodismo ecuestre sin saber realmente qué futuro tendría. Comencé por pasión, porque era lo que me gustaba, pero en principio pensé que sería algo eventual porque en aquel momento había muy pocos periodistas especializados en el mundo ecuestre.
Sin embargo, con mucho trabajo y esfuerzo, fui creando mi propio camino, conseguí convertirlo en mi profesión y forma de vida.
A día de hoy, diría que los caballos han marcado no solamente mi trayectoria profesional, sino también mi forma de vida, mis viajes, incluso muchas de mis amistades y, sobre todo, mi filosofía de vida.

2. Mundo a Caballo nació con la idea de acercar el universo ecuestre a un público mucho más amplio. Después de varias temporadas y de haber conocido tantos países y realidades diferentes, ¿qué crees que sigue sin entender el gran público sobre el mundo del caballo?
Creo que esa percepción está cambiando poco a poco, pero todavía existe a veces la idea de que el mundo del caballo es un mundo cerrado, elitista y reservado únicamente para determinadas personas. Y bueno es cierto que en algún sector o disciplina muy concreta lo es, pero la gran mayoría, es todo lo contrario.
El caballo forma parte de nuestra historia, de nuestra cultura, del campo, del deporte y de muchas de nuestras tradiciones. Y no hace falta ser jinete ni pertenecer al mundo ecuestre para poder disfrutar de él, emocionarse con un caballo o sentir admiración y amor por estos animales. Eso sin hablar de las virtudes del caballo como animal “sanador” y la ayuda que crea en el ámbito de la equinoterapia.
3. Has recorrido a caballo lugares tan diferentes como África, Indonesia, México y España. ¿Hay alguna experiencia ecuestre que te haya cambiado especialmente la manera de entender al caballo y por qué?
En cada país he aprendido cosas diferentes sobre los caballos, pero si tuviera que destacar una experiencia, probablemente sería África. Hacer un safari a caballo, compartiendo espacio con animales salvajes, cambia tu conexión con el caballo.
En África, el caballo sigue siendo una presa porque convive en un entorno en el que existen depredadores activos. Por eso, conserva de una manera especialmente desarrollada esos sentidos de alerta y de defensa. Cuando aparece un animal salvaje, a mí me gusta observar su reacción. Es entonces cuando realmente te das cuenta de la extraordinaria sensibilidad y capacidad de percepción que tiene el caballo. Perciben todo mucho antes que nosotros. En estas situaciones te conectas aún más con él porque sois un equipo durante el safari.
Pero viajar también me ha enseñado otra cosa importante: que no existe una única manera de relacionarse con el caballo. Cada país y cada cultura tienen la suya, y precisamente eso es lo que más me interesa cuando viajo: observar, aprender y quedarme con lo mejor de cada cultura ecuestre. Aunque esa es la parte bonita, pero no hay que olvidar que a nivel mundial todavía queda mucho que hacer para proteger y mejorar el trato a los caballos. Las tradicionesdeben evolucionar y dejar atrás la violencia.

4. Uno de tus grandes campos de trabajo actualmente es el turismo ecuestre. ¿Qué tiene que descubrir una persona que viaja a caballo que jamás podría experimentar en un viaje turístico convencional?
Viajar a caballo cambia completamente el viaje y, sobre todo, cambia la forma de conocer un destino.
Muchas veces siento que, como turistas, se conoce los lugares desde la barrera: los visitan, los fotografían y siguen el camino que les han marcado. Sin embargo, cuando recorres un territorio a caballo, te sumerges dentro de él y, a veces, hasta creas tu propio camino.
El ritmo es diferente. A caballo atraviesas el paisaje, entras en contacto con la naturaleza, los lugareños, llegas a lugares a los que probablemente no llegarías de otra manera y tienes tiempo para observar lo que sucede a tu alrededor.
Hoy en día con ofertas de cientos de paquetes de viajes masivos para turistas, viajar a caballo es un lujo. Sin ruidos, sin masificación.. es conectar con tu caballo, tus compañeros de ruta y la naturaleza. No es simplemente visitar un lugar; es formar parte de él durante un tiempo.

5. Hablas mucho de un turismo ecuestre responsable y del bienestar animal. ¿Dónde está, en tu opinión, la línea que separa una experiencia ecuestre verdaderamente respetuosa de una actividad que utiliza al caballo simplemente como atractivo turístico?
En el turismo ecuestre hay que tener siempre presente el bienestar del caballo. Siempre digo que “no es un medio, sino nuestro compañero de viaje”.
Cuando yo empecé a trabajar en este ámbito, hace más de diez años, apenas se conocía el turismo ecuestre; Sin embargo, desde hace un par de años estamos viendo cómo está creciendo muchísimo y cómo cada vez despierta más interés.
Creo que ahora tenemos la oportunidad de construir este nuevo turismo ecuestre contemporáneo sobre unos pilares sólidos de respeto y bienestar animal. Y para ello todavía queda mucho por hacer, también desde el punto de vista legislativo. Creo que necesitamos una legislación que proteja específicamente al caballo dentro de este tipo de actividades.
Pero la responsabilidad no puede recaer únicamente en las instituciones. También nosotros, como clientes y aficionados al caballo, debemos aprender a rechazar aquellos lugares en los que veamos que no se está respetando al animal.
Hablamos de cuestiones básicas: una buena alimentación, caballos en un peso adecuado, instalaciones dignas, descanso en paddocks después de las rutas y jornadas de trabajo razonables. Por ejemplo, considero que un caballo destinado a rutas turísticas no debe hacer más de 3 o 4 horas al día y tener sus días de descanso.
Cuando estos principios no se respetan, dejamos de hablar de turismo ecuestre responsable y empezamos a hablar de explotación. Y creo que en esto todos los que formamos parte del mundo del caballo deberíamos estar en el mismo barco.

6. Eres una gran defensora del Pura Raza Español y has podido comprobar cómo se valora fuera de nuestras fronteras. ¿Qué tiene el caballo español que consigue enamorar a aficionados de países y culturas tan diferentes?
Está claro que el caballo español es un animal de una enorme belleza morfológica, pero creo que a esa belleza se está sumando algo muy importante: el extraordinario trabajo de selección que están realizando los ganaderos españoles durante los últimos años para mejorar su funcionalidad.
Estamos viendo caballos cada vez más funcionales, más deportivos y más versátiles, y creo que esa evolución está haciendo que el Pura Raza Español resulte todavía más atractivo internacionalmente.
Y, por supuesto, está su historia. El caballo español ha estado históricamente vinculado a la nobleza. Ha sido un caballo de reyes y lleva consigo un patrimonio cultural e histórico extraordinario.
7. Tu trabajo te permite entrar en yeguadas, ranchos, explotaciones y lugares que normalmente no están al alcance del público. ¿Qué es lo más sorprendente que has descubierto detrás de las cámaras y que te gustaría que la gente pudiera ver más a menudo?
Me gustaría que se conociera mucho más el trabajo de tantas personas que verdaderamente aman a los caballos y dedican su vida a ellos.

Personas que apuestan por una manera de entender la doma basada en la conexión y en el respeto hacia el caballo. Yo misma lo descubrí de una forma muy personal cuando conocí a mi pareja, Fabricio. A través de su sistema de doma aprendí una manera diferente de relacionarse con los caballos. Yo venía de un mundo mucho más tradicional, muy vinculado a los toros, a las faenas de campo y a una determinada manera de entender el caballo, y él me enseñó otra forma de comunicarse con ellos desde el entendimiento, la observación y la conexión.
Pero no hablo únicamente de la doma. En mis viajes y durante todos estos años he conocido herradores, veterinarios, criadores de caballos, cuidadores y grandes profesionales que realizan una labor extraordinaria por el bienestar del caballo y que muchas veces son los grandes desconocidos de este mundo.
Me gustaría que pudiéramos conocer más sus historias porque creo que muchos de ellos deberían ser un ejemplo para el resto del sector ecuestre.
8. Tu relación con los caballos está profundamente vinculada a tus recuerdos de infancia y a tu padre, Dámaso González. ¿Qué enseñanza relacionada con los caballos que aprendiste de él sigues aplicando hoy, tanto en tu vida como en tu trabajo?
Mi padre me enseñó, sobre todo, el amor y el respeto por los animales. Creo que esa fue la enseñanza más importante que me dejó. Desde pequeña aprendí a través de él a convivir con los animales, a observarlos y a tratarlos con respeto.
Al final, tanto en mi vida personal como profesional, intento conservar lo que aprendí de él: el respeto hacia los animales y el respeto hacia las personas. Para mí, ese es probablemente su legado más importante.
9. Que te gustaría hacer que aún no has hecho en el mundo del caballo ?

Todavía me quedan muchísimas cosas por hacer y por descubrir dentro del mundo del caballo. Pero, creo que al final, me sentiría feliz si después de mi trayectoria de muchos años comunicando y viajando consigo que algunas personas miren al caballo de otra manera, sean más conscientes de sus necesidades y entiendan que su bienestar debe estar siempre por encima de cualquier interés sentiría que todo este trabajo también ha servido para algo importante.
Creo que en cierto modo he contribuido estos años , dentro de mis posibilidades, en promocionar el turismo ecuestre y ahora me siento con la responsabilidad de aportar y concienciar que ese crecimiento sea sobre los pilares del bienestar animal. También sobre otros pilares por supuesto como el desarrollo de las economías locales, el desarrollo sostenible, mejora de los estándares de calidad y seguridad, pero todo eso, ya se encargan las administraciones. Mirar por el animal, es labor de los que somos de “a caballo”.

Con esta visión clara y comprometida, Marta González reafirma que su viaje en el universo ecuestre va mucho más allá de los paisajes recorridos o los minutos en pantalla. Su labor como comunicadora y divulgadora se ha convertido en una auténtica misión por transformar la relación entre el ser humano y el caballo, promoviendo un turismo responsable que ponga siempre en el centro la empatía y la dignidad del animal. En un mundo acelerado, su historia nos recuerda que detener el paso para entender, respetar y cuidar a nuestros compañeros de ruta no es solo una forma diferente de viajar, sino la única manera ética de mantener viva una tradición milenaria.
Fotos : Cedidas por Marta Gonzalez, para esta entrevista.


