Vicky Beláustegui: Un lugar donde los caballos enseñan a volver a casa

Al caer la tarde, cuando la luz empieza a dorar los campos y las aguas, es más fácil comprender por qué Vicky habla de los caballos como guías, compañeros y…
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Nuestro mundo es tan maravilloso, que hay un lugar perfecto para cada habitante del planeta. Solo tienes que tener claro que es lo que buscas, si andas huyendo del del ruido del mundo, o al menos un lugar donde se baje el volumen, ese está en Laguna Vitel en Chascomús, Argentina.

Ahí el paisaje parece extenderse sin demasiadas explicaciones: campo abierto, árboles, agua y un horizonte que se pierde hasta confundirse con el cielo. La laguna, primera del sistema de las Encadenadas de Chascomús, forma parte de ese paisaje pampeano en el que la naturaleza todavía tiene espacio suficiente para imponer sus propios ritmos. Entre juncos, totoras, innúmeras aves y el movimiento casi hipnótico del agua, el silencio adquiere otra densidad.

En este lugar, no hay ruidos, hay rumores, hay viento, hay cantos de pájaros…solo habla la naturaleza.

Es allí, en este rincón de la provincia de Buenos Aires, donde vive la protagonista de nuestra historia: Vicky Beláustegui.

Y cuesta imaginar un lugar más apropiado para una mujer que decidió hacer de la escucha una forma de vida. Y crear su magia, con Caballo Alado.

Aquí los caballos se mueven entre el campo y el horizonte, donde las lagunas cambian de colores con las horas y el viento convierte la vegetación de la orilla en una especie de respiración colectiva. Al caer la tarde, cuando la luz empieza a dorar los campos y las aguas, es más fácil comprender por qué Vicky habla de los caballos como guías, compañeros y maestros.

Pero para entender bien toda esta historia, les invito a retroceder algunos años.

Vicky Belaustegui
Aquí los caballos se mueven entre el campo y el horizonte

Una niña, un caballo y otro hogar

Aquella niña se llamaba Vicky. Y aquel caballo era Don Manuel.

En las tardes de lluvia, cuando el mundo exterior parecía desaparecer detrás de las ventanas, Vicky encontraba refugio sobre el lomo de su caballo gateado. Allí jugaba a la casita. Colocaba la escalera de sus camas cuchetas y convertía el cuerpo de Don Manuel en una verdadera casa imaginaria: arriba estaba el cuarto; abajo, la cocina y el living.

“Ese era mi hogar de niña”, recuerda.

La frase podría quedar simplemente como una tierna evocación de infancia. Sin embargo, en la historia de Vicky adquiere otra dimensión.

Porque muchos años después comprendió que aquella niña quizá había sabido algo que la adulta había olvidado.

Para ella en ese entonces, no era más que un juego infantil.

Pero visto desde el presente, hoy se da cuenta que era mucho más que eso.

“Creo que he vuelto al hogar, pero el hogar no en los caballos, sino el hogar del alma. Solo que mi alma está en los caballos”, dirá muchos años después.

vicky Belaustegui
«Don Manuel» en una verdadera casa imaginaria

De “Don Manuel” a la ciudad

Desde niña, Vicky amó los caballos. “Desde el juego y la diversión, creo que el caballo ha sido mi primer confidente”, recuerda.

Sin embargo, como sucede tantas veces en la vida, aquel vínculo quedó en suspenso. Llegaron los estudios, la profesión, la ciudad y las obligaciones. Vicky se convirtió en Licenciada en Economía y se especializó en economía ambiental, recursos naturales, gestión ambiental, desarrollo sostenible y políticas públicas.

Era una vida que, desde fuera, tenía todos los ingredientes del éxito, y que muchos desearían.

Pero a ella algo le faltaba.

“Lo que era y lo que hacía en ese momento, aunque exitoso para los parámetros ‘normales’ de la sociedad, no me llenaban.”

Comenzó entonces una búsqueda personal que terminaría devolviéndola a los caballos. Pero no regresó a ellos de la misma manera. Esta vez quería comprenderlos.

Cuando escuchar cambia la relación

Vicky comenzó a formarse en distintas disciplinas de comunicación y trabajo con caballos, alejándose progresivamente del modelo basado exclusivamente en el control y la dominación, tan común en el mundo rural, que ella había conocido. Ella buscaba otra cosa.

Vicky Belaustegui
El caballo no es simplemente un animal con el que se trabaja. Es también un espejo (VB)

Natural horsemanship, doma inteligente, etología, aprendizaje asistido, terapia con caballos, coaching, neurociencia, liderazgo, trabajo corporal y trauma fueron entrando en una formación que todavía continúa.

Pero hubo algo más importante que cualquier certificación: descubrió que la comunicación con el caballo era una calle de doble sentido.

“Como la comunicación va y vuelve, empecé a comprender todo lo que me estaba pasando en mi vida gracias a lo que me devolvían los caballos.”

Aquella frase explica buena parte de lo que hoy ocurre en su centro de caballo alado en Chascomús.

Porque en Caballo Alado el caballo no es simplemente un animal con el que se trabaja. Es también un espejo. Un interlocutor. Un ser que responde a lo que ocurre en el otro y que, precisamente por no utilizar nuestro lenguaje, obliga a prestar atención a otras señales.

El cuerpo. La respiración. La tensión. La intención. El miedo. La presencia.

Y en ese aprendizaje, Vicky descubrió que quizás el caballo no necesitaba tanto ser enseñado como ella había imaginado.

El año en que la vida se detuvo

En 2013 llegó a la vida de Vicky, un monstruo muy temido: El cáncer.

El diagnóstico abrió un período que Vicky describe como intenso y profundo. Una experiencia que la obligó a detenerse y mirar su propia vida desde otro lugar.

“Los caballos fueron para mí los mayores compañeros de este tránsito.”

No como una solución mágica, sino como compañeros de un proceso en el que Vicky tuvo que detenerse, mirar hacia dentro y aprender a escuchar de otra manera.

Durante aquel proceso nacieron también la escritura y la poesía. Publicó Serendipia, sobre la transformación a través de la enfermedad, y posteriormente Semillas en mi herida, donde profundizó en una mirada diferente sobre el proceso de enfermar.

“Los caballos fueron para mí los mayores compañeros de este tránsito.”

La enfermedad, paradójicamente, terminó obligándola a escuchar aquello que durante años había quedado en segundo plano.

“Al final ha sido toda una bendición, sólo había que saber mirar y pausarme.”

Y quizás esa palabra —pausarme— sea una de las claves de su relación actual con los caballos.

Porque para acercarse verdaderamente a ellos hay que bajar el ritmo.

El Rincón en Chascomús: donde la naturaleza también habla

En su centro ecuestre, en ese pequeño paraíso donde habita, con sus equinos, esa filosofía encuentra un escenario difícil de reproducir en otro lugar.

El paisaje conserva esa amplitud característica de la pampa bonaerense: agua, cielo, campo y grandes espacios donde el horizonte parece no terminar nunca.

Es un lugar en el que el tiempo parece tener otra velocidad.

Y quizás por eso funciona tan bien para el trabajo de Vicky.

Es un lugar en el que el tiempo parece tener otra velocidad

Cuando alguien llega a Caballo Alado, no entra simplemente a una consulta ni a una clase convencional. Entra en otro ritmo. El teléfono, las urgencias y el ruido cotidiano quedan atrás. Frente al caballo, muchas de las cosas que parecían importantes empiezan a perder volumen.

El animal observa.

Espera.

Responde.

Y entonces comienza el verdadero trabajo.

“He domado a algunos de mis caballos, pero principalmente ellos me doman a mí a diario”, dice Vicky.

La frase resume una filosofía que ha ido construyendo durante años: dejar de preguntarse únicamente cómo conseguir que el caballo haga algo y comenzar a preguntarse qué está diciendo el caballo con aquello que hace.

He intentado mantener el tono de crónica del artículo: narrativo, evocador y con el caballo como protagonista, evitando que suene demasiado promocional. (Canal del Caballo)

Para Vicky, la relación con los caballos es mucho más que un trabajo: es una forma de vida, una manera de comprender al otro y, también, de comprenderse a sí misma. Esa mirada se expresa hoy en sus terapias presenciales, en sus programas online y en un nuevo proyecto audiovisual que está tomando forma: la SERIE SIRI . En cada episodio, los caballos se convierten en compañeros y protagonistas de un profundo proceso de descubrimiento, como si sobre el escenario de cada sesión representaran una obra de teatro capaz de revelar, con una sutileza y una maestría sorprendentes, aquello que muchas veces permanece oculto: los patrones que gobiernan nuestras vidas. Y quizás ahí esté la magia de esta propuesta: que mientras observamos lo que ocurre entre Vicky, las personas y los caballos, también podemos comenzar a mirarnos hacia dentro. Porque, como ella misma plantea, para sanar con caballos no necesitan tocar nuestro cuerpo físico; «te tocan el alma«.

Una puerta abierta hacia el hogar

Caballo Alado nació de esa historia personal y hoy ofrece sesiones individuales y grupales en Chascomús, además de programas y cursos online.

Pero Vicky no habla de su proyecto como un destino final.

vicky
“Lo que aprendo y descubro, es para compartir e inspirar.”

“No tengo un lugar de llegada. Sólo sigo caminando.”

Continúa estudiando, investigando y formándose. Su actual recorrido por la psicología ontológica busca integrar también una dimensión espiritual a su comprensión del ser humano.

Su antigua formación en economía y desarrollo sostenible tampoco quedó atrás. La mirada sistémica permanece: la idea de que las personas, los grupos, las organizaciones y la naturaleza forman parte de algo mucho mayor.

“Podemos nutrirnos con valiosos aprendizajes para nuestra evolución a nivel individual y sistémico retomando el contacto más profundo con la Naturaleza.”

Y allí, frente a la laguna, esa frase adquiere otra dimensión.

Porque quizá sea imposible trabajar con caballos sin terminar preguntándose qué hemos perdido los seres humanos al alejarnos tanto de los ritmos naturales.

Vicky no pretende tener todas las respuestas, pero eso si, con sus visitantes las buscan, y se comparten aquello que juntos van encontrando.

“Lo que aprendo y descubro, es para compartir e inspirar.”

“Volviste al hogar”

Durante la entrevista hay una pregunta que parece cerrar el círculo: ¿qué le diría hoy aquella niña que encontraba refugio sobre Don Manuel?

“Los caballos nos llevan a volar.”

La respuesta llega inmediatamente.

“Le diría : Volviste al hogar.”

Y entonces aparece otra vez aquella niña jugando a la casita sobre el caballo. La escalera de las camas cuchetas. El cuarto arriba. La cocina y el living abajo. Don Manuel convertido en casa.

Solo que ahora Vicky entiende algo que entonces no podía saber.

La casa nunca fue solamente el caballo.

Era lo que sentía cuando estaba con él.

La libertad. La confianza. La conexión. La posibilidad de ser ella misma.

Hoy, muchos años después, ha construido una casa real alrededor de esa intuición. Una casa llamada Caballo Alado, a orillas de Laguna Vitel, donde el agua, los árboles, el cielo y los caballos parecen conspirar para recordar a quienes llegan algo que la vida moderna suele hacer olvidar: que también necesitamos detenernos para poder escucharnos.

“Desde este lugar de volver al hogar abro mis puertas para que entren a tomar unos mates”, dice Vicky.

Y entonces aparece otra vez aquella niña jugando a la casita sobre el caballo

La invitación tiene algo sencillo y profundamente poderoso.

Entrar.

Sentarse.

Mirar.

Escuchar.

Y dejar que el caballo haga el resto.

Quizás por eso, cuando habla de ellos, Vicky nos dice que los caballos nos enseñan a ser mejores personas, los caballos nos transportan a cada uno a esa “niñez interior” : “Los caballos nos llevan a volar.”

Y mientras el sol desaparece lentamente sobre el horizonte, uno entiende que la historia de Vicky Beláustegui no es, en realidad, la historia de una mujer que volvió a los caballos.

Es la historia de una mujer que tardó muchos años en descubrir que nunca se había ido de verdad.

Porque algunas veces el hogar no es el “éxito” que nos sopla el mundo, en su caso, fue un caballo. Un paisaje, una larga conversación sin palabras.

Y quizás esa sea la paradoja más hermosa de su historia: para Vicky, volver a los caballos no significó regresar al pasado. Significó descubrir que aquel lugar en el que había sido feliz de niña no había desaparecido.

Como una mujer que asegura que la fuerza que verdaderamente la mueve es el amor.
Y como aquella niña que, finalmente, volvió a casa

Simplemente estaba esperando que ella volviera.

Y ahora, desde Caballo Alado, sigue caminando. Aprendiendo. Preguntando. Escuchando.

Como una “célula inquieta y curiosa que ama la libertad”.

Como una mujer que asegura que la fuerza que verdaderamente la mueve es el amor.

Y como aquella niña que, finalmente, volvió a casa…

Fotos: Coty