Equi Lliure: donde el caballo vuelve a ser caballo

Aquí la filosofía gira en torno a la doma natural: una relación basada en la observación, el respeto y la comunicación
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A escasos minutos del bullicio constante de la Costa Dorada, entre el flujo incesante de visitantes de PortAventura y las playas de Salou, existe un lugar que funciona bajo otras reglas. Un espacio donde el tiempo se desacelera y el ruido desaparece casi por completo. Ese lugar es Equi Lliure, el club hípico dirigido por Alejandra Seguí Soy.

Little Princess, es la primera que viene a recibirnos

El contraste es inmediato. Basta cruzar el gran portón automático para entender que uno ha cambiado de mundo. Aquí no hay boxes alineados ni caballos inquietos golpeando puertas. Los animales están sueltos, en calma, pastando. Observan, se acercan, interactúan. La primera en dar la bienvenida es una yegua imponente, de presencia majestuosa, que responde al nombre de Little Princess. El nombre engaña: de “little” no tiene nada, aunque su simpatía y modales, sí confirman lo de princesa.

Equi Lliure ocupa seis hectáreas concebidas como un entorno natural donde el caballo puede desarrollarse sin las limitaciones habituales de la equitación tradicional. Su filosofía gira en torno a la doma natural: una relación basada en la observación, el respeto y la comunicación.

De la intuición al método

Alejandra Seguí no llegó al mundo del caballo por el camino habitual. “Empecé tarde, no de niña”, explica. Su primer contacto fue casi accidental, cuando su marido le regaló un caballo español. “No tenía ni idea. Me subía y me aguantaba, pero no sabía montar”. Aquel caballo, antiguo rejoneador, reaccionaba de forma instintiva ante estímulos concretos. “Veía una mancha negra y se arrancaba como si fuera un toro. Yo aprendía así, agarrándome para no caerme”.

Lejos de desanimarla, esa experiencia marcó su camino. Aprendió desde la convivencia, desde la observación directa. “He sido muy autodidacta. Mirar, entender qué les gusta, qué les molesta… y poco a poco te ganas su confianza”. Esa intuición natural encontró un punto de inflexión cuando conoció a un hombre que trabajaba con caballos desde un enfoque completamente distinto al que ella había visto hasta entonces. “No imponía, no forzaba. Se ganaba al caballo. Yo decía: ‘los enamora’”.

Ese concepto —enamorar al caballo— define hoy el trabajo de Equi Lliure.

Alejandra Seguí no llegó al mundo del caballo por el camino habitual

Una equitación basada en la calma

Aquí no hay espacio para la imposición. “No puedes exigirle a un caballo más de lo que está dispuesto a dar en ese momento”, afirma. La clave está en la lectura del animal: su estado físico, su nivel de comprensión, su disposición. El progreso no se mide en resultados inmediatos, sino en pequeños avances consolidados. “Si hoy hace dos pasos bien, mañana serán tres. Pero no puedes pedir veinte desde el principio”.

La metodología rompe con muchas prácticas extendidas en el sector. Mientras en otros entornos se fuerza la adaptación —como dejar que un caballo se agote cuando rechaza la silla—, en Equi Lliure el proceso es progresivo y respetuoso. “Primero aceptan una cosa, luego la siguiente. Cuando te subes por primera vez, es como si lo hubieras montado toda la vida”.

Jasmina montando a su yegua Flicka

El resultado es una equitación que prescinde de elementos considerados básicos en la disciplina tradicional. Aquí no hay bocados. No hay espuelas. La herramienta principal es la voz. “El caballo tiene más sensibilidad que nosotros. Si nota una mosca, ¿por qué necesitas una espuela?”, reflexiona.

Es en este punto donde la teoría se convierte en evidencia. Durante la visita, en la pista, aparece Jasmina montando a su yegua Flicka, de seis años, a la que ha acompañado prácticamente desde su nacimiento. No hay tensión en las manos, no hay hierro en la boca del caballo. Solo una cabezada y una comunicación constante, casi invisible.

Jasmina apenas necesita gestos. “Trote”, dice. Y Flicka responde con naturalidad. “Galope”. Y la transición fluye sin resistencia. La escena no tiene nada de espectacular en el sentido clásico, pero resulta profundamente reveladora: no hay lucha, no hay corrección, no hay imposición. Solo entendimiento.

Flicka permanece a su lado, tranquila, conectada

Al terminar, la amazona desciende, conduce a la yegua hasta la zona de lavado y continúa la rutina sin atarla. Flicka permanece a su lado, tranquila, conectada. Es ahí donde se comprende lo que Alejandra explica con palabras: aquí la relación no se construye desde el control, sino desde la confianza. Y esa confianza, cuando es real, elimina la necesidad de casi todo lo demás.

Historias de recuperación y respeto

Más allá de la enseñanza, Equi Lliure es también un espacio de recuperación. Muchos de los caballos que viven aquí llegan con historias difíciles, marcadas por el maltrato, el abandono o una gestión inadecuada.

Dakota, por ejemplo, fue una yegua compleja, con un carácter fuerte moldeado por experiencias negativas. “Me obligó a estudiar, a prepararme”, explica Alejandra, que encontró en la metodología de Pat Parelli herramientas para devolverle la confianza. Hoy está jubilada debido a la artrosis, pero representa uno de los mayores aprendizajes del centro.

Merlí llegó con un cuadro severo de ansiedad tras vivir en un espacio mínimo, sin rutinas de alimentación estables

Merlí llegó con un cuadro severo de ansiedad tras vivir en un espacio mínimo, sin rutinas de alimentación estables. “Siempre esperaba. Eso le generó un nivel de estrés altísimo”. Con trabajo constante y reeducación, ha recuperado el equilibrio.

El caso de Little Princess también es revelador. Destinada a la doma clásica, no soportaba el confinamiento. Desarrolló vicios de cuadra y problemas de propiocepción. En libertad y con trabajo específico, ha recuperado funcionalidad y bienestar.

Luxor, por su parte, es el ejemplo de cómo el dolor físico puede ser interpretado erróneamente como mala conducta. Considerado peligroso, su comportamiento tenía origen en lesiones y en un manejo inadecuado. “Con cuatro cambios, es otro caballo”, resume Alejandra.

Aquí vuelven a la manada

Y luego está Heidi, una yegua de 31 años rescatada de una situación extrema. Hoy vive adaptada a sus necesidades, con alimentación específica y un ritmo acorde a su edad, pero sigue formando parte activa del entorno, especialmente con niños.

En total, siete caballos y un pony conforman este pequeño universo donde cada historia cuenta y cada proceso es individual.

Siete caballos y un pony conforman este pequeño universo

Equi Lliure no pretende competir con la equitación tradicional, pero sí cuestionarla. Propone una alternativa donde el caballo no es una herramienta, sino un compañero. Donde el aprendizaje no se basa en la dominación, sino en la comprensión.

Y al abandonar el recinto, al volver al ruido, al tráfico y a la velocidad habitual, queda la sensación de haber visitado algo más que una hípica. Un espacio donde, simplemente, el caballo vuelve a ser caballo.