Criadero Santa Ana: bienestar animal y un proyecto ecuestre de alto nivel en Cabrero
En el corazón del centro de Chile, en la localidad de Cabrero, el campo ya es de por sí hospitalario. Pero cuando a ese paisaje se le suma el mundo del Caballo Chileno, la acogida adquiere otra dimensión. Incluso —y esto tiene mérito— cuando uno arrastra el mal hábito de llegar sin previo aviso.
Nuestra visita sorpresa al Criadero Santa Ana los tomó desprevenidos. O eso pensamos. Porque la recepción que nos brindaron fue tan generosa y cuidada que cualquiera diría que llevaba meses organizándose.
La primera sorpresa llegó nada más cruzar el portón: el dueño de casa no se encontraba en el fundo. Dudamos por un instante si sería prudente regresar en otra ocasión. Pero fue entonces cuando Juan Pereira, jinete, amansador y domador del criadero, nos tendió la mano con naturalidad. Y comenzó un recorrido que terminó revelándonos mucho más que unas instalaciones.

Un proyecto de 500 hectáreas con vocación de excelencia
En un fundo de 500 hectáreas —de las cuales 20 estarán destinadas específicamente a instalaciones ecuestres— se está levantando lo que, aun sin estar terminado, ya se percibe como uno de los centros dedicados al caballo de raza chilena más ambiciosos del país.
El proyecto tiene fecha de estreno: 12, 13 y 14 de abril. Y no se trata solo de inaugurar infraestructura, sino de presentar una declaración de principios. Aquí se construye un espacio pensado para acoger todas las disciplinas vinculadas al caballo chileno, desde la crianza hasta la alta competencia, con una mirada integral que combina tradición, técnica y bienestar animal.

Detrás de esta visión está Roberto Standen Perez, actual presidente de la Federacion de Criadores de Caballo Raza Chilena. Gran amante de los caballos —como lo fue su padre D. Jorge Standen Burgos, a quien todos conocían como “Don Pai”—, Standen Pérez no solo proyecta un criadero, sino un legado: un espacio donde la genética, la formación y la cultura ecuestre se integran con visión de futuro.
Pero el proyecto no se limita únicamente a lo estrictamente ecuestre. Entre las nuevas instalaciones se está creando un amplio espacio destinado a stands para artesanos del campo chileno, estrechamente vinculados al mundo del caballo: talabarteros, sogueros, plateros, fabricantes de aperos y cultores de oficios tradicionales. Será un punto de encuentro donde podrán exponer y comercializar sus trabajos, aportando un valor cultural añadido al recinto. Un gesto más —y no menor— a favor de la preservación de las tradiciones campesinas que dan identidad al caballo chileno y a todo lo que lo rodea.

El Banco de Potros: genética al servicio del criador

Uno de los ejes estratégicos del Criadero Santa Ana es su Banco de Potros, una iniciativa que refleja una concepción moderna y solidaria de la crianza. Lleva más de una década impulsando programas sin fines de lucro destinados a fortalecer la base genética del caballo chileno, facilitando el acceso a líneas seleccionadas a criadores que buscan mejorar sus planteles, pequeños criadores, que de otra forma les sería imposible poder acceder a ciertas líneas de sangre.
El Banco de Potros no se limita a concentrar ejemplares de calidad; constituye una herramienta de proyección racial. La filosofía es clara: compartir genética es fortalecer la raza.
Así, Santa Ana no solo cría para sí, sino que contribuye activamente al desarrollo colectivo del caballo chileno, ampliando oportunidades y promoviendo un estándar cada vez más exigente en morfología, funcionalidad y carácter. Ver a esos potros en sus primeras etapas de vida, creciendo en potreros amplios, con manejo temprano y criterios técnicos bien definidos, confirma que aquí la planificación no es improvisada. Es estratégica.
El bienestar como norma, no como eslogan
Nuestra siguiente parada fue junto a don Pedro Quezada. Nació entre caballos. Domador y amansador desde los 14 años, vive —literalmente— de y para ellos. “Cuando voy a la ciudad, me duele la cabeza y no duermo bien”, nos confiesa mientras cepilla con parsimonia a uno de los ejemplares.

Lo encontramos más tarde realizando una tarea que nos dejó perplejos: lavando un fardo de heno. La explicación fue tan sencilla como reveladora. Es para evitar que el caballo consuma polvo, ya que, según criterio veterinario, podría afectar su sistema respiratorio. No es una práctica habitual en todos los criaderos. Aquí, sin embargo, el bienestar animal es protocolo diario.
En Santa Ana se percibe una coherencia poco común. Cada gesto —desde la alimentación hasta el manejo en cuadra— responde a una lógica sanitaria y etológica. El caballo no es solo atleta o reproductor; es sujeto de cuidado.

La doma desde la confianza: El método Pereira

Juan Pereira nos conduce hasta las cuadras. Allí, unos quince potrillos recién destetados —de más de 6 meses— comienzan su proceso de socialización. Juan los recoge desde el destete y los introduce durante sus primeras horas en box para iniciar el contacto humano progresivo.
La escena es elocuente. Entramos al box y los potrillos muestran una docilidad sorprendente, como si llevaran semanas de trabajo. Pero apenas han pasado unos días. El método es claro: ganar la confianza antes de exigir. “A los caballos hay que ganárselos. La confianza se construye de a poco. Yo me gano la suya y le doy seguridad; ahí está el binomio”, nos explica. En las primeras fases de doma, las montas no superan los veinte minutos. Se trata de habituar, no de imponer.
Ese trabajo temprano, sostiene, es la clave para obtener caballos que cualquiera pueda montar. Animales equilibrados, obedientes, seguros. No hay atajos: hay proceso.

Lo que comenzó como una visita improvisada terminó siendo una radiografía precisa de un proyecto en plena expansión. El Criadero Santa Ana no solo está edificando infraestructura; está consolidando una cultura de trabajo donde tradición, técnica, genética y bienestar convergen.
En Cabrero, el caballo chileno encuentra un espacio que honra su historia y lo proyecta hacia el futuro. Y si algo quedó claro tras esta visita inesperada, es que cuando la hospitalidad del campo chileno se une a la pasión ecuestre, el resultado es una experiencia difícil de olvidar.


